Acerca

Roberto Lewis

23 de mayo al 30 de junio de 2007

Lugar: Museo de Arte Contemporáneo



Nace Roberto Lewis en Panamá el 30 de septiembre de 1874 y desde muy temprana edad muestra aptitudes especiales para el dibujo y la coloración.  Realiza sus estudios primarios y secundarios en Panamá y Francia respectivamente.  A su regreso trabaja en una empresa de la familia, lo que lo hace desistir de una vocación no muy pronunciada de comerciante.  A su refreso a París se inclina a estudiar en la Academia de León Bonat (1833 – 1923) y posteriormente con Albert Dubois-Pillet; a pesar de su vocación por los lineamientos generales de la academia francesa, su permanencia con Bonnat fue breve y su separación lo conduce a la bohemia post-impresionista de Dubois con el beneficio de la soltura de espíritu que anhelaba.

Estas influencias marcan decididamente su posterior desarrollo estilístico y estético y que encontramos caracterizado en toda su obra posterior. Por una parte la persistencia del virtuosismo en el dibujo y la exaltación de temas alegóricos con un gran dominio de las formas, heredado del neo-clásico; por otra, el efecto de las líneas y trazos distribuidos con gran soltura de movimiento sobre una superficie que le sirve de receptáculo para lograr la condensación de la luz y el color, ofreciendo el efecto visual de transparencia e instantaneidad, finalidad del puntillismo post-impresionista.

Por otra parte, heredero de la fidelidad en el dibujo de su predecesor, Epifanio Garay, una gran inclinación por el retrato, lo cual va a constituir gran parte de su obra.  En ellos desarrolla un estilo personal que le permite imprimir carácter en el contexto de la legitimidad que debe guardar este tipo de trabajo.  En ese sentido los retratos que componen gran parte de la colección de la Presidencia de la República y del Ministerio de Relaciones Exteriores, constituyen prototipos en el dominio del dibujo, el color y la percepción del personaje.

A su regreso al país se le comisiona para que realice una serie de obras que deberían exaltar la majestuosidad de algunos edificios públicos de reciente construcción.  La arquitectura neo-clásica introducida por Guissepe Ruggieri es la “arquitectura oficial” de la época y se plasma en obras como el Teatro Nacional, en Palacio de Gobierno, el Palacio de Justicia, los Archivos Nacionales y el Cabildo.  El clasicismo de Lewis va a ser paralelamente la “pintura oficial” y dará inicio a una expresión singular de la pintura mural en nuestro país.  De ese período data el telón de boca, el plafón y algunos trabajos del foyer del Teatro Nacional (1907).  De los mismos nos dice Eric Wolfschoon: “estos trabajos demuestran una rara maestría del dibujo y el escorzo –sobre todo en el encadenamiento circular de los cuerpos seráficos que se elevan para festejar el nacimiento de la república-“.



La magnificencia, la perspectiva y la profundidad de campo que caracterizan estos trabajos, en especial el plafón, son muestras del gran dominio que el maestro tenía en los elementos técnicos requeridos para este tipo de pintura.  El colorido suave y sugerente va a lograr un efecto de majestuosidad gracias a la distribución calculada en una composición dominada por las formas en gran escala que llenan el espacio.

Su excelente disposición para el paisaje y el retrato, trabajos en los cuales se desprende de los exigentes cánones del clasicismo, le permite acometer una tarea descriptiva, llena de soltura y profundidad visual.  De sus retratos podemos mencionar los que componen la serie “Presidentes de la República”, que se encuentran en la Presidencia de la República.  Otros, realizados por iniciativa personal revisten una disposición que los singulariza por sus cualidades en los detalles y en la captación del carácter, tales como el Retrato de Nicolás Solano y el Retrato del Dr. Belisario Porras.  No obstante, su gran habilidad en la retratística, su dedicación en el efecto cromático y lumínico que permita alcanzar la fidelidad de los rasgos y el impulso creador que imprime a su trabajo no logra por el estatismo inherente al retrato, imprimir la espontaneidad y ritmo que encontraremos en sus paisajes y los cuales constituyen parte medular de su obra.

En los paisajes destacan los óleos sobre tela, que en forma de pintura mural decoran el Palacio Presidencial.  Bajo el título “Los Tamarindos de Taboga” presenta una serie de trabajos caracterizados por suaves contrastes en ocres y amarillos, cuyas combinaciones con tonalidades grises y azules le permiten alcanzar luminosos efectos en los paisajes marinos.  Esta serie mural manifiesta una curiosa conjugación temática y estilística, ya que se esfuerza por proporcionar una formulación americana y tropical a un contenido alegórico que preserva elementos del clasicismo con evidentes esfuerzos simbolistas.  Con algunos recursos post-impresionistas en el trazado y jugando con la dispersión de la luz sobre el trasfondo, logra efectos visuales de una gran riqueza bucólica característica de nuestro trópico insular.



Algunos paisajes realizados como trabajos de estudio o como proyección para posterior desarrollo, son muestras de evidente recurso post-impresionista en los que se destacan detalles cromáticos y formales de la pintura costumbrista europea de finales del siglo XIX.  La profundidad del campo o de donde se elevan masas cromáticas desdibujando el horizonte, las perspectivas desde abajo o laterales que predeterminan la posición del ángulo visual, las diversas maneras de entrelazar formas y colores en un complejo movimiento de agua, vegetación y cielo son determinantes en sus paisajes marinos que ejecuta en pequeños formatos alrededor de los años veinte.

Con una concepción diferente, pero siguiendo el rasgo esencial de su pintura, desarrollada sobre un cuidadoso trabajo de dibujo, realiza en 1936 una serie mural en el Aula Máxima de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, en la que se propone plasmar la historia de la humanidad, obra que quedó inconclusa.  En ella se manifiesta una preocupación por el uso de colores brillantes y de contrastes vivos que ponen de relieve la fina demarcación del dibujo.  Este recurso luminoso le permite lograr efectos de claroscuro con una naturalidad y sin desmedro de los contornos de las imágenes.  A semejanza de las grandes estampas renacentistas, se recurre al uso de un campo visual en que la perspectiva y el espacio se condicionan uno a otro permitiendo detalles y movimientos que facilitan el equilibrio de la escena.  El recurso de la evolución histórica de la humanidad, como contexto temático logra una finalidad didáctica muy bien calculada, cónsona con la naturaleza del edificio en la cual se ubica.

Paralela a la actividad creadora que despliega el maestro, encontramos una profunda vocación por la enseñanza.  Desde su regreso al istmo se dedica a la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que fue director hasta 1935.  En las sucesivas horneadas que hicieron artistas nacionales, encontramos figuras cimeras de la plástica nacional como Humberto Ivaldi, Isaac Benitez, Juan Manuel Cedeño, Alfredo Sinclair, Guillermo Trujillo, Alberto Dutary y muchos otros destacados maestros de la pintura, siendo los tres primeros discípulos directos de este pionero que hizo de su vocación un instrumento de creación y realización.


 



volver


Exhibiciones anteriores: